Definitivamente hay algo de verdad en esa comparación. El folclore y las teorías de conspiración satisfacen necesidades psicológicas similares - le dan a la gente la sensación de que hay conocimiento oculto o significado debajo de la superficie de la vida cotidiana. La diferencia principal es la velocidad y el alcance. Un cuento folclórico podría tardar generaciones en propagarse por una región, mientras que una teoría de conspiración puede llegar a millones de personas en días ahora. Internet básicamente aceleró el mecanismo del folclore. Donde tu abuelo podría haber escuchado una historia de fantasmas en el trabajo y se la contaba a cinco personas en la cena, ahora alguien publica algo y llega a miles antes del desayuno.
El cambio probablemente empezó a acelerarse en los 90 y 2000 cuando los foros y las redes sociales primitivas hicieron fácil que la gente encontrara a otros que ya creían cosas similares. Se crean estas cámaras de eco donde las teorías se refuerzan en lugar de desvanecerse como solía pasarle al folclore. Antes de internet, el folclore naturalmente se diluía porque tenía que pasar por escépticos y la gente se olvidaba de los detalles. En línea, tienes algoritmos empujándote más profundo en cualquier madriguera en la que ya estés metida. La estructura que notaste es exacta - ambas tienen esos orígenes misteriosos, se propagan a través de comunidades, y son básicamente imposibles de refutar porque la evidencia en su contra simplemente se interpreta como "prueba del encubrimiento". La diferencia real es que el folclore sabía que era folclore. La gente contaba historias de fantasmas y en su mayoría entendían que eran historias. Con las teorías de conspiración, la gente realmente cree que esto es noticias reales que les están ocultando.