No estoy del todo de acuerdo con la visión de que todo es igual porque cambió. Las fiestas juninas siempre fueron dinámicas, sí, pero lo que está pasando ahora es diferente en velocidad y en prioridades. Antes los cambios venían de forma orgánica - la gente traía nuevas recetas, nuevos ritmos, pero el foco seguía siendo la comunidad reunida. Ahora hay un modelo de negocio detrás, con influenciadores y producción que convierte el espectáculo en contenido antes de ser una experiencia real.
La cuestión no es si cambia o no - es que la esencia está siendo reemplazada por otra cosa. Cuando los puestos tradicionales quedan a un lado, estás perdiendo lo que era el punto principal: ese puesto de la doña María con roscas caseras, la gente conversando, las niñas aprendiendo recetas de la abuela. Esas cosas son muy difíciles de viralizar, así que se vuelven invisibles en una fiesta pensada para cámaras de celular. El escenario LED gigante es espectacular, pero es quien mira desde afuera apreciando algo que no es suyo, mientras quien participaba activamente queda reducido a figurante.
Dicho esto, eso no significa que la fiesta dejó de existir - solo que necesita convivir con esta versión nueva. Muchas ciudades todavía logran mantener las dos cosas funcionando lado a lado, si hay gente interesada en preservar. La pregunta real es: ¿quién está organizando esto y para quién? Si es para que la comunidad local disfrute y genere ingresos, está bien. Si es solo para contenido de redes sociales, ahí sí la esencia salió de escena.