No pongas el router dentro de un armario, debajo de muebles o rodeado de objetos metálicos - la gente cree que así "lo protege" pero en realidad bloquea toda la señal. Tampoco lo metas en una esquina apartada de la casa esperando que funcione mejor lejos del ruido visual.
Lo más efectivo y barato es colocar el router en un punto central y elevado de tu casa, preferiblemente en la pared más alta de una habitación intermedia. Si la sala es donde está ahora, intenta subirlo a una estantería o montarlo en la pared a mayor altura; las ondas wifi viajan mejor hacia los lados y hacia abajo, así que más arriba llega más lejos. También revisa en los ajustes del router si puedes cambiar entre las bandas de 2.4 GHz (que penetra mejor las paredes pero es más lenta) y 5 GHz (más rápida pero menos alcance). Para zonas lejanas como el patio, la banda de 2.4 GHz te irá mejor.
Si con eso no hay suficiente, plantéate un repetidor wifi o un sistema mesh básico; hay opciones de TP-Link bastante asequibles que amplifican la señal sin complicaciones. Un repetidor lo conectas en una zona intermedia entre el router y la habitación problemática para que capte la señal y la retransmita más lejos. No es la solución más elegante pero funciona bien para alcanzar rincones muertos sin gastar una fortuna.