El oídio prospera en condiciones húmedas, sombreadas y con mala circulación de aire, así que tu primer paso debe ser espaciar más las plantas y podar las ramas inferiores para aumentar el flujo de aire alrededor del follaje. El aceite de neem funciona mejor como preventivo aplicado antes de que aparezcan síntomas que después de que la infección se establezca, pero honestamente el enfoque más confiable es cambiar a fungicidas a base de azufre o sprays de bicarbonato de potasio aplicados cada 7-10 días empezando a finales de junio, antes de que llegue ese pico de julio. Asegúrate de regar solo a nivel del suelo (nunca por encima) y evita trabajar con plantas mojadas, ya que la humedad en las hojas crea el ambiente perfecto para que las esporas germinen. Si ciertas variedades siguen siendo afectadas, considera reemplazarlas con cultivares resistentes al oídio - algunas rosas y peonías están criadas para resistir esto mucho mejor que otras.