La mejor estrategia es decir la verdad sobre tu sueldo actual, pero enmarcarla bien. Si inflás el número y ellos hacen una verificación con tu empleador actual (y lo hacen frecuentemente), te vuelves un desastre. En cambio, podés ser inteligente en cómo lo comunicás: si ganás 28 mil brutos, podés decir "actualmente percibo 28 mil, pero considero esta posición como un paso adelante respecto a donde estoy ahora, así que busco una propuesta acorde a las responsabilidades que tendrán". Así no mentís, pero no te perjudicás a vos mismo partiendo de una base baja.
Lo que cambia es cómo negociás después. Si realmente pensás que valés más (y quizás el nuevo rol es efectivamente más senior), no es el momento de farolear con sueldos pasados, es el momento de hablar del valor que traés al nuevo puesto. Preguntate: ¿qué sé hacer que ellos buscan? ¿Cuánto resuelvo su problema? Ahí es donde vas a ganar, no engañándolos sobre tu historia anterior.
Una cosa que me ayudó es desplazar la conversación: cuando me hacen la pregunta directa, respondo el número, pero enseguida pregunto cuál es la banda que tienen en mente para la posición. Frecuentemente descubrís que su presupuesto ya está decidido independientemente de lo que ganabas antes, y entonces estás más tranquilo. Si la banda es baja, al menos lo sabés de una y decidís si vale la pena seguir adelante o no.