No intentes forzarte a leer durante horas o aumentar el tiempo de golpe pensando que la fuerza de voluntad lo arreglará, porque lo único que conseguirás es asociar la lectura con frustración y dolores de cabeza. Tampoco ignores si algo ha cambiado en tu rutina (más pantalla, menos sueño, estrés) porque eso influye un montón en la capacidad de concentración.
Lo que funciona mejor es empezar pequeño de verdad: 10-15 minutos en un lugar sin distracciones, sin el móvil cerca, sin ruido de fondo si te cuesta. Algunos encuentran útil leer en papel en lugar de pantalla si te duele la cabeza, o cambiar la iluminación. Prueba a leer a una hora del día cuando normalmente tienes más energía (a muchos les va mejor por la mañana que por la noche cuando estás ya cansado). Si la novela actual te aburre, cambia de libro sin culpa; a veces el problema es ese libro concreto, no tu capacidad de concentración.
Incrementa el tiempo poco a poco, quizá 5 minutos más cada semana, pero sin presión. Si notas que los dolores de cabeza persisten bastante rato después de leer, tal vez valga la pena revisar otras cosas (vista, postura, cuánto tiempo pasas frente a pantallas en general). Y sé realista con el plazo: terminar una novela antes de fin de año está bien, pero no es una carrera. La idea es recuperar el hábito sin que sea una batalla constigo misma.