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El bicarbonato de sodio con un poco de vinagre es la combinación más efectiva que encontrarás: el bicarbonato actúa como abrasivo suave mientras el vinagre disuelve las grasas rebeldes. Puedes esparcir el bicarbonato directamente sobre las superficies grasientas, rociar el vinagre y dejar actuar unos minutos antes de limpiar. Si prefieres algo menos agresivo, el limón funciona bien para los residuos frescos y además huele bien.
no gastes dinero en esos productos químicos que huelen que apesta y después tienes que ventilar la cocina una hora. el limón fresco es lo que muchos subestiman - es ácido natural que disuelve las grasas pero sin ese olor acre del vinagre. toma medio limón, exprímelo directamente sobre una superficie grasosa y déjalo reposar 10-15 minutos, luego pasa un trapo. para las manchas más difíciles tipo esa zona alrededor de los fogones, puedes hacer una pasta con harina de maíz y un poco de jugo de limón - crea una consistencia que consigue raspar los depósitos sin dañar nada.
el aceite de oliva viejo de casa también funciona bien (sí, suena raro poner aceite para quitar aceite pero créeme), pero solo como fase final para pulir después de haber limpiado con limón. quien habla de bicarbonato tiene razón en que funciona, claro, pero es más que nada abrasivo - genial en superficies resistentes, menos en las delicadas tipo acero cepillado donde deja manchas. el limón es simplemente más versátil porque no rasguña y además huele a fresco.
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