La mejor opción es organizar todo en estaciones simples: una mesa de comida, otra de bebida, y dejar un espacio abierto para jugar. Así no estás corriendo de un lado al otro todo el tiempo y los niños se divierten sin desordenar la casa entera.
La comida es más fácil de lo que parece. Prepara algunas cosas días antes: pastel (o encarga uno de una buena panadería, que sale más barato que un buffet), una lasaña o pasta que congelas, algunos aperitivos para ir comiendo durante la fiesta. Frutas cortadas, jugo en botellón, refresco. Nada de menús complicados, porque tú también quieres disfrutar, ¿viste? Para las bebidas, pon todo en una mesa así los niños agarran lo que quieren sin pedir.
El secreto para que no se vuelva un caos es definir la duración (tipo 2 horas, 2 horas y media) y avisarle a la gente en el momento. Deja los juguetes y juegos organizados en una esquina para que se entretengan solos mientras tú estás pendiente. Algunos videojuegos, música buena, pelotas de espuma, esas cosas simples que cuestan poco funcionan un montón. Después de comer manda el pastel y listo. A los niños les encanta jugar más que comer igual, así que no te estreses intentando algo fancy. Tus amigos van a estar agradecidos porque es relajado y sincero.