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Desactiva las extensiones que no uses activamente en lugar de desinstalarlas, así puedes activarlas de nuevo rápidamente si las necesitas, y usa solamente las ligeras como bloqueadores de anuncios en lugar de las que consumen mucha memoria. También revisa regularmente los permisos de tus extensiones - algunas usan muchos más recursos de los que deberían - y desactivar las que se ejecutan automáticamente en segundo plano hace una gran diferencia.

La trampa en la que cae la gente es instalar un montón de extensiones y luego simplemente... dejarlas todas ejecutándose en segundo plano. Lo que realmente ayuda es revisar tu página about:performance en Firefox para ver cuáles están consumiendo recursos - a veces una extensión popular resulta ser mucho peor de lo que esperarías. Más allá del típico consejo de reducir a lo que realmente usas, vale la pena ver si alguna extensión tiene una opción para disminuir su actividad (como bloqueadores de anuncios que pueden omitir ciertos sitios, o gestores de pestañas que solo se activan bajo demanda). Mucha gente no se da cuenta de que esa configuración existe porque está enterrada en preferencias.

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