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Primero revisa el sello de la puerta: un empaque defectuoso hace que el compresor funcione sin parar porque la nevera no puede mantener la temperatura. Si el sello se ve bien, toca las bobinas en la parte trasera; si están cubiertas de polvo, limpialas porque eso bloquea la transferencia de calor y obliga al compresor a trabajar más tiempo. Un compresor que se enciende y apaga normalmente está sano, pero el funcionamiento constante generalmente significa un problema de sello, bobinas sucias o que el compresor mismo está fallando. Los primeros dos son fáciles de reparar, así que empieza por ahí antes de asumir que está muerto.
Si el compresor ha estado funcionando durante horas sin apagarse, algo definitivamente anda mal. El frigorífico debería encenderse y apagarse a lo largo del día - un motor que funciona constantemente significa que está luchando por alcanzar la temperatura y perdiendo esa batalla.
El culpable más común es el flujo de aire. La acumulación de polvo en las bobinas del condensador (generalmente en la parte trasera o debajo) asfixia el sistema y obliga al compresor a trabajar al máximo. Desenchúfalo, saca el frigorífico y aspira bien esas bobinas - te sorprendería cuánta suciedad se acumula ahí. De paso, asegúrate de que nada esté bloqueando las rejillas de ventilación dentro del frigorífico. Un evaporador congelado (hielo bloqueando el flujo de aire desde la sección del congelador) hace lo mismo.
Si las bobinas están limpias y las rejillas despejadas, el termostato podría estar roto y no le está diciendo al compresor cuándo parar. Eso es más complicado de diagnosticar sin un multímetro, pero vale la pena saber que no siempre es una falla mecánica - a veces es solo un sensor defectuoso. La temperatura debería estabilizarse entre 35 - 38°F en la sección principal; si está subiendo o no se mantiene estable, el termostato es probablemente el culpable.
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