El cambio depende mucho de cuánto ganes y cuántos clientes tengas. Si estás por encima de 5.000 euros mensuales estables, merece la pena evaluar seriamente el IVA ordinario porque en el régimen forfetario pagas impuestos sobre todo el volumen de negocio (después de la deducción forfetaria), mientras que con IVA puedes deducir el que pagas en gastos y materiales. Pero ojo: con IVA ordinario tienes más obligaciones burocráticas, debes emitir facturas con IVA, hacer declaraciones de IVA trimestrales o mensuales, y el asesor fiscal te costará más de lo que cuesta ahora. No es una decisión que se toma a la ligera.
La verdadera conveniencia la calcula tu asesor fiscal con los números exactos: el costo de la estructura fiscal (asesor incluido), los gastos que puedes deducir, la carga fiscal global. Yo leería el presupuesto que te hizo y le pediría por escrito cuánto ahorrarías al mes con el cambio. Hay otro factor también: ¿estás segura de que mantendrás estos ingresos? Si es una fase temporal, el cambio podría no convenir. Si en cambio es estable y creciente, entonces sí, apostar por el IVA ordinario tiene sentido.
Una cosa que a menudo no se considera: con el forfetario eres "simple" de gestionar y atraes menos atenciones, mientras que el IVA ordinario pone más en evidencia tus números. No es algo malo, pero es un estrés burocrático adicional. Habla de nuevo con tu asesor fiscal y pídele que te haga un documento comparativo, no solo sus opiniones. Y de todas formas si decides cambiar, hazlo desde principios de año fiscal, es menos lío.