El problema podría ser una combinación de factores, pero según mi experiencia la mayoría de los céspedes sufren en verano por la elección equivocada de la especie de hierba. Si vives en una zona muy calurosa y seca, las gramíneas comunes como la festuca arundinacea o el raigrás no aguantan bien el calor. Deberías evaluar si tu césped fue sembrado con variedades pensadas para climas templados en lugar de condiciones estivales extremas. Además, está el tema del agua: regar frecuentemente y poco no sirve de nada, al contrario empeora las cosas porque el agua no penetra en profundidad y las raíces se quedan superficiales. Es mejor irrigar con menos frecuencia pero más abundantemente, quizá dos o tres veces a la semana dependiendo de cuánto calor hace en tu zona, así el agua llega donde la necesitan las raíces.
En cuanto al terreno, es importante saber si retiene la humedad o es demasiado arenoso y el agua se filtra enseguida. Si notas que el agua corre fácilmente, tu suelo necesita enmiendas orgánicas como compost o turba para mejorar la retención de agua. Luego está el factor sol: si el césped recibe sol directo de las 11 a las 17 horas, durante el verano es casi imposible mantenerlo verde sin desperdiciar agua. En ese caso podrías pensar en bajar las expectativas o convertir esas zonas en canteros con plantas más resistentes, que además son menos exigentes de mantener.
Honestamente, yo en tu situación me pondría en contacto con un vivero local que conozca bien el clima de la zona y me haría asesorar sobre las semillas adecuadas. Tal vez es el momento de empezar de cero con la variedad de hierba correcta, porque seguir luchando contra la naturaleza de tu clima es una batalla perdida y un desperdicio de tiempo y dinero.