El lago Mead ha caído por debajo del 27% de su capacidad en años recientes, y ese es el problema fundamental: incluso las lluvias sustanciales en todo el Suroeste no vuelven a llenar un embalse que está perdiendo agua más rápido de lo que se está reponiendo. El problema no es que la lluvia no ayude - ayuda - sino que estás viendo un déficit estructural de décadas. El río Colorado, que alimenta el lago Mead, está sobreasignado. Los estados río abajo (California, Arizona, Nevada) tienen derechos de agua que fueron negociados allá por 1922 basándose en caudales del río que ya no ocurren de manera consistente. Entonces el lago se drena constantemente para cumplir esas obligaciones, y las tormentas ocasionales no pueden superar ese agotamiento crónico.
También está el tema de la evaporación, que recibe menos atención pero importa muchísimo. A medida que baja el nivel del agua, el área de la superficie se reduce, lo que en realidad disminuye un poco la evaporación - pero el lago sigue perdiendo toneladas de agua por el calor y la exposición al sol. Más importante aún, el cambio climático ha hecho que toda la región sea más calurosa y seca en promedio, así que el río Colorado en sí produce menos escurrimiento del deshielo en las Montañas Rocosas. Claro que puedes tener monzones decentes a finales del verano o tormentas invernales, pero están lidiando contra un sistema que fundamentalmente está desequilibrado. Hasta que se reduzca el uso del agua - lo que significa que la agricultura, las ciudades y los estados acepten asignaciones más pequeñas - el lago seguirá oscilando en niveles bajos incluso después de años húmedos.