La gente sigue usándolas porque una tarjeta en la mano es más difícil de ignorar que una solicitud de conexión en LinkedIn. Cuando le entregas una tarjeta física a alguien, hay un momento de atención - tiene que sostenerla, leerla, quizás comentar sobre el diseño. Con el intercambio digital, es fácil aceptar y olvidar. La tarjeta se queda en su escritorio o en su bolsillo como un recordatorio de que existes y qué haces.
También hay algo en el ritual en sí. Intercambiar tarjetas es un reconocimiento formal de que ambas personas tomaron la conversación lo suficientemente en serio como para documentarla. Señala respeto y profesionalismo de una manera que tocar una pantalla no logra replicar. Las diferentes industrias valoran esto de manera distinta - algunos campos ya lo han dejado atrás completamente, pero en otros sigue siendo parte fundamental de cómo hacen negocios.
Un error que mencionaría: no supongas que mandar a imprimir tarjetas significa que ya terminaste. El verdadero problema es imprimir tarjetas que odias. Veo gente que las entrega con disculpas o con vergüenza porque no invirtió en un buen diseño o eligió un papel horrible. Si todos a tu alrededor están repartiendo tarjetas, las tuyas se van a comparar con las de ellos. Una tarjeta bien diseñada que la gente realmente quiera guardar es más útil que una mediocre que tiren a la basura. Dedícale tiempo - tu industria claramente la espera, así que hazla valer en lugar de solo marcar una casilla.