El problema mayor que nadie mencionó es que estás comprando material caro y después dejándolo pudrir, lo cual es frustrante y caro. Pero la verdad es que la pintura acrílica es realmente implacable - se seca demasiado rápido para permitir procrastinación entre sesiones. Lo que funcionó conmigo fue darme cuenta de que esto no es sobre fuerza de voluntad, es sobre física: si dejas la pintura al aire, se endurece. Entonces, el sistema tiene que ser a prueba de fallos.
Empecé a hacer tres cosas al mismo tiempo. Primero: después de cada sesión, guardo los pinceles ya mojados en un vaso con agua (sí, pueden quedarse ahí días sin problema). Segundo: la pintura que abrí, la pongo en un plato de plástico o en una cápsula de café reutilizable, cubierta con película adhesiva - eso te compra una semana fácil. Tercero, y esto es el truco: divido el lienzo en secciones pequeñas y trato cada una como un "proyecto concluido". No piensas "tengo que pintar el lienzo completo", piensas "hoy hago el fondo" u "hoy hago los detalles de la cara".
Pero ojo con esto: la pintura acrílica sobre pintura acrílica seca es mucho más difícil de trabajar que en húmedo. Si dejas pasar dos, tres días, el resultado queda con capas visibles y áspero. Si vas a dejar pasar tiempo, mejor es usar médiums que ralenticen el secado, o simplemente aceptar que necesitas sesiones regulares - aunque sean pequeñas. Media hora cada noche, sin faltar, funciona mejor que un fin de semana completo después de una semana parado.