El Congreso aprobó la Ley de Reducción de la Inflación, que incluía créditos fiscales sustanciales y mecanismos de financiamiento directo para proyectos nucleares, más allá del préstamo de Vistra. El cambio más amplio es bastante claro: la energía nuclear se está reposicionando como una solución climática en lugar de un pasivo, lo que representa un giro político genuino respecto a cómo se la trató durante décadas.
Un ángulo práctico del que la gente no habla mucho es la simplificación de los plazos de licencia. El gobierno ha estado empujando para reducir los años que tarda obtener aprobación para nuevos reactores o extender los existentes. Eso importa más de lo que sugieren los titulares porque los retrasos son a menudo lo que mata los proyectos desde el punto de vista económico. Si logras acortar la aprobación de diez años a cinco o seis, las matemáticas del financiamiento cambian drásticamente.
La parte complicada es que la mayoría de la inversión reciente se enfoca en sostener plantas nucleares existentes que de otro modo cerrarían, en lugar de construir nuevas. El préstamo de Vistra es un buen ejemplo: está apoyando reactores ya en operación. La nueva construcción sigue limitada por los altos costos iniciales y los largos plazos de entrega, así que ves que el dinero fluye hacia mantener lo que ya está funcionando y extender su vida útil. Eso es realista dados los limitantes presupuestarios, pero significa que el crecimiento de capacidad probablemente será más lento que lo que sugiere la retórica.