La verdadera pregunta es si tu compañero de piso realmente va a usarla de forma consistente o si acabará en el fondo del armario. Los rayos UV-C sí funcionan contra las bacterias y virus en sí - esa parte es ciencia legítima. La luz daña su material genético para que no puedan reproducirse, básicamente los fríe a nivel celular. Pero hay un problema: solo mata lo que la luz realmente alcanza. Si tu agua está turbia o llena de sedimentos, las partículas pueden proteger los microbios de los rayos UV, así que no estás obteniendo el efecto completo.
Las botellas que funcionan mejor son las donde el agua se queda en una cámara el tiempo suficiente para que la luz haga su trabajo, no las donde solo presionas un botón y listo. La mayoría necesita algunos minutos de exposición para ser efectivas. Además, los UV no dejan protección residual como lo hace el cloro - una vez que el agua sale de la botella, cualquier contaminación nueva no se detiene. Tuve un amigo que juraba por una de estas para su bolsa de gimnasio, pero admitió que realmente solo la usaba quizá la mitad de las veces porque se le olvidaba o andaba con prisa.
Así que no es puro marketing, pero tampoco es un remedio milagroso. Si tu agua del grifo ya es bastante limpia y segura, probablemente estés tirando dinero. Si estás en una zona con calidad de agua dudosa o viajando a algún lugar sospechoso, entonces quizá valga la pena la inversión - solo asegúrate de usarla correctamente y no esperes que arregle todo. La efectividad realmente depende de cómo la uses y de qué exactamente intentas protegerte.