¿Tienes espacio para guardar una mesa extensible cuando esté cerrada, o prefieres algo que esté siempre visible?
Porque la verdad es que las extensibles son la opción más versátil si planeas que el comedor tenga dos vidas: una cotidiana compacta y otra para cuando lleguen amigos. El problema es ese, necesitas un rincón donde meter la extensión cuando no la usas, o un espacio generoso que aguante la mesa abierta sin que parezca que vives en ella.
Las redondas tienen su encanto para espacios chicos porque visualmente "respiran" más - no tienen esos ángulos que hacen que una rectangular se sienta invasiva - pero ocupan básicamente el mismo área que una cuadrada de tamaño equivalente. Lo que sí ganan es en funcionalidad: nadie se queda sin espacio en la cabecera, la gente circula mejor alrededor y puedes meter una silla más sin que parezca un circo.
Si el tuyo es un departamento de verdad ajustado y comes normalmente solo o con otra persona, quizá una mesa pequeña rectangular fija es lo más sensato. Ocupa poco, no necesita mantenimiento, y si alguna vez necesitas espacio extra para algo puntual, siempre puedes sacar una bandeja o una mesita auxiliar. Las extensibles suenan bien en teoría, pero requieren disciplina para no terminar con la extensión guardada en el sillón del living.