Lo que tiende a funcionar mejor que cualquier castigo es darle la vuelta a todo: en lugar de que tú controles su horario, haz que asuma las consecuencias de no hacerlo. Por ejemplo, si se queda sin ropa limpia porque no lavó, es su problema - tiene que usar algo que no le gusta o lavar algo de emergencia. Suena duro pero no es castigarlo realmente, es dejar que la realidad sea la maestra. Igual con los platos - si es el único que puede usar un plato limpio y no hay ninguno, bueno, ahora tiene motivación.
El truco es dejar de dar recordatorios y de controlar las consecuencias, porque sí, esas otras respuestas tienen razón en que los recordatorios solo los entrenan a esperar que les digas qué hacer. Pero donde yo discrepo un poco es que no se trata solo de vincular las tareas a algo que quieran (eso ayuda, claro) - se trata más de sacarte de la ecuación completamente. Deja de ser la persona que lo obliga. Haz que el resultado natural de no hacer la cosa sea lo que les importe en el momento. ¿Un chico de 14 años que se queda sin calcetines limpios antes de salir con amigos? Eso impacta diferente que perder los privilegios del teléfono porque mamá lo dijo.
También puedes intentar preguntarle cómo quiere manejarlo en lugar de decirle. Algunos adolescentes responden mucho mejor cuando tienen voz real en el sistema - por ejemplo, tal vez lava ropa los domingos por la noche, o tal vez preferiría hacerlo todo de una vez el sábado. Lo importante es que suceda, no cómo ni cuándo creas que debería ser. Elimina la lucha de poder.