El aislamiento en la habitación, el sueño excesivo y la pérdida de interés en actividades que antes le gustaban son señales bastante comunes de que algo no anda bien. Pero hay más cosas en las que debes fijarte: cambios en el apetito, caída en el desempeño escolar, irritabilidad constante, hablar sobre la muerte o hacerse daño, negligencia con la higiene personal, o incluso abuso del celular/internet en exceso. La adolescencia es una fase bastante complicada, pero cuando varios signos aparecen juntos y duran semanas, ahí ya vale la pena buscar ayuda.
Sabemos que es difícil distinguir cuándo es solo "la fase del adolescente insoportable" o cuándo es depresión, ansiedad o algo más serio. Si lleva así más de dos semanas y ves un cambio real en su comportamiento, no cuesta nada ir a conversar con un psicólogo o llevarlo al pediatra para que le haga una evaluación. No es pérdida de tiempo, y generalmente nos damos cuenta rápido si necesita seguimiento continuo o si es solo ese período difícil.
Lo importante es intentar conversar con él sin sonar acusadora, ¿verdad? A veces el adolescente cierra la puerta justamente porque siente que los padres están presionando o juzgando. Si logras crear un clima donde se sienta seguro para hablar, entonces entiendes mejor qué está pasando. Pero si no abre el juego o sigues preocupada, ve directo al profesional, no lo dejes pasar.