Suena como la clásica táctica de "tu tubería es vieja, así que tienes que hacer algo". La verdad es que las limpiezas solo valen la pena si tienes problemas concretos. Agua turbia, decoloraciones, olores raros o de repente menos presión - esos son los indicadores reales. Mientras eso no suceda, las limpiezas regulares son más bien un negocio que una necesidad.
Con tuberías de 30 años, una limpieza puede valer la pena para ver cómo está - pero no como rutina cada pocos años, sino más bien como una medida única o cuando justamente aparecen estos problemas. Un técnico que quiera venderte una limpieza regular sin síntomas concretos debe parecerte sospechoso.
Un consejo práctico que aún no he visto: mira tú mismo la calidad del agua antes de llamar a nadie. Solo deja correr el primer agua de la mañana durante una semana en una botella de vidrio y observa si se vuelve más clara o se queda marrón. Si sale clara enseguida, probablemente no necesites hacer nada. Si queda turbia o tarda mucho en aclarase - entonces tienes un problema real y la limpieza podría ayudar.