No caigas en la trampa de pensar que es puro marketing, pero tampoco des por hecho que un café caro es automáticamente mejor solo porque lo sirven en un lugar bonito. Lo que sí es real es que el café de especialidad tiene un proceso completamente distinto desde la plantación hasta tu taza, y eso tiene un costo real. Los cafés normales suelen ser mezclas de granos de diferentes orígenes, a veces de menor calidad, tostados en grandes lotes y almacenados durante meses. El de especialidad viene de fincas identificadas, se cosecha en el momento exacto de maduración, y se tuesta en pequeños lotes pensando en resaltar las características específicas de ese grano.
Ahora, la cuestión honesta es que no todos los cafés de especialidad valen el triple de precio, y tampoco necesitás gastar esa plata para sentir la diferencia. Lo que notarás si probás uno decente es que el sabor es más limpio, menos amargo, con notas más complejas. A veces ciertos sitios te cobran extra por el ambiente hipster que mencionas, pero la mayoría de las cafeterías de especialidad que conozco le apuestan fuerte a la calidad del grano y al método de preparación porque saben que eso es lo que te va a traer de vuelta.
Mi consejo: probá uno en un lugar que suene seria respecto al café, no en el que más bonito se vea el local. Preguntá de dónde viene el grano y cuándo lo tostaron. Si es reciente (menos de dos semanas) y el barista te explica algo sin sonar como un vendedor, probablemente no estés tirando guita. La primera vez capaz que no notes mucha diferencia porque tu paladar no está entrenado todavía, pero después de algunos intentos la vas a sentir.