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Un cambio así de drástico en el consumo casi nunca es casualidad. Lo más probable es que tengas algo sencillo como los filtros de aire o de combustible tapados, las bujías gastadas, o la presión de los neumáticos baja (eso afecta más de lo que parece). También podría ser que el sensor de oxígeno esté fallando, lo que hace que el motor se desajuste y queme más gasolina. Te recomendaría ir a un taller para que le hagan un diagnóstico, porque si esperas mucho el problema se puede agravar y terminás gastando mucho más.

Si el consumo se disparó tan rápido, antes de gastar en diagnósticos caros revisá las cosas básicas: los filtros de aire y combustible tapados hacen una diferencia bestial, y también fijate si alguna luz de alerta está encendida en el tablero - a veces el sensor de oxígeno falla y la computadora enriquece la mezcla sin que lo notes. Lo que otros no mencionan: probá cargar nafta en la estación de siempre durante una semana y comparar consumo, porque a veces un cambio de surtidor o marcas raras puede afectar más de lo que creés, especialmente en autos nuevos más sensibles. Si nada de eso cambia el panorama, ahí sí vale la pena meter la máquina a una revisación con escáner.

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