Según mi opinión, el mejor compromiso es dejarle probar uno de esos tatuajes temporales que duran una o dos semanas, pero con una condición: que lo elijan juntos y que piensen bien el diseño antes. No es una capitulación incondicional, es un "ok, veamos cómo te sientes realmente con esto". Muchas veces los chicos a esa edad quieren sobre todo sentirse escuchados en su gana de probar cosas nuevas, no tanto el tatuaje en sí.
Lo que no me convence de la respuesta anterior es pintar el veto como contraproducente. No es exactamente así: depende de cómo lo plantees. Si dices "absolutamente no, ya no hablemos más" obvio que genera frustración. Pero si dices "no ahora, tal vez cuando seas más grande" o "probemos primero con este tipo", no es una prohibición ciega, es una línea. Los quinceañeros necesitan límites claros, no padres que dejen carta blanca para evitar conflictos.
Lo que realmente importa es entender el por qué detrás de la solicitud: quiere sentirse parte de un grupo, está pasando por una fase estética, ¿o está realmente fascinado por el tatuaje como forma de expresión? A esa respuesta podrán ajustar su enfoque. Y si decides permitírselo, hazlo algo pequeño, nada extravagante, así que si en una semana ya no le gusta más (spoiler: probable) no se digan "deberíamos haberle impedido".