El tiempo de pantalla es el verdadero culpable aquí: cuando estás enfocado en un monitor, parpadeas mucho menos y tus lágrimas se secan más rápido, así que la lente misma se convierte en un problema incluso si funciona bien en otras situaciones. Antes de gastar dinero en una marca nueva, prueba la solución obvia: pon un temporizador para apartar la vista cada 20 minutos, parpadea deliberadamente un par de veces, y tal vez consigue unas gotas humectantes hechas específicamente para lentes de contacto (no gotas oftálmicas normales). Lo que la gente suele pasar por alto es que algunos espacios de oficina tienen una circulación de aire o calefacción terrible que empeora la sequedad, así que si es posible, orienta tu escritorio lejos de las rejillas de ventilación o usa un humidificador cerca. Si nada de eso ayuda después de un par de semanas, entonces sí, cambiar a un material de lente más permeable al oxígeno o a lentes desechables en lugar de reutilizables podría valer la pena probar, pero los hábitos de pantalla probablemente son el problema principal.