La buena noticia es que Chrome las encripta de verdad, no las mantiene en texto plano. La mala noticia es que si alguien tiene acceso físico a tu PC mientras estás logueado, o adivina tu contraseña de Windows, logra desencriptarlas de todas formas. Depende de cuánto paranoico seas y de quién frecuente tu casa, honestamente.
Si quieres el máximo de protección sin renunciar a la comodidad, el truco es usar un gestor de contraseñas de verdad (tipo Bitwarden, 1Password, o el que prefieras) y después desactivar el guardado de contraseñas en Chrome. El gestor de contraseñas te pide una contraseña maestra para acceder a todo, así que incluso si alguien entra en tu cuenta de Google o en el PC, no ve nada sin esa contraseña principal. Y la puedes usar en varios dispositivos sin problemas.
Si en cambio no quieres complicarte demasiado la vida, al menos asegúrate de que tu Windows tenga una contraseña de acceso decente (no "1234" o cosas así) y que tu cuenta de Google esté protegida con autenticación de dos factores. Esa combinación cubre el 90% de los quilombos. Chrome en sí mismo no es inseguro, el verdadero punto débil siempre somos nosotros cuando usamos contraseñas débiles o dejamos el PC desbloqueado por ahí.