Yo cometí un desastre al principio porque compré el de vapor convencida de que era la opción correcta, pero después descubrí que depende un montón de cómo organices todo en casa. En mi caso, con biberones y chupetas que se me multiplicaban por todas partes, el vapor me salvó la vida - esterilizo por la noche y a la mañana tengo todo listo. Pero conozco gente que con Milton lo resolvió de maravilla gastando una tercera parte, depende de si tienes espacio y paciencia para organizarte con el remojo.
Lo que más me pesa del vapor es que consume más corriente e hace ruido, cosa que a las 6 de la mañana no es lo ideal si el pequeño todavía está durmiendo. Con el frío en cambio haces la mezcla la noche anterior, metes todo lo que necesitas y te olvidas. Pero claro, tienes que tener al menos media hora para que actúe la solución.
Una cosa eso sí - otros dicen que el vapor degrada más rápido las piezas, y es verdad que después de algunos meses de esterilizaciones diarias las válvulas empiezan a sufrir. Si piensas usarlo durante mucho tiempo, el frío realmente es menos agresivo con los materiales. En cuanto al marketing, el vapor no es un invento inútil, pero tampoco es indispensable como te hace creer la publicidad, si tienes la disciplina de hacer el remojo. ¿Qué harías si tuvieras que gestionar los biberones: eres de improvisar o prefieres planificar las cosas?