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Hace poco releí *Orgullo y prejuicio* después de casi una década y me sorprendió bastante descubrir cuánto me había pasado por alto la primera vez. Cuando lo leí a los dieciséis años lo disfruté, pero era principalmente por la trama romántica; esta vez capté el humor ácido de Austen, sus críticas sociales, los personajes secundarios que cobran mucha más vida cuando entiendes el contexto histórico. Así que sí, merece totalmente la pena releer, pero depende mucho de cuánto tiempo haya pasado y de cuánto hayas cambiado tú como persona.

Lo interesante es que los libros no cambian, pero tú sí, y eso es lo que hace que la relectura sea una experiencia completamente diferente. Con los años acumulas perspectiva, vivencias, lecturas anteriores que te permiten conectar puntos que antes no veías. Un clásico que te pareció aburrido a los quince años puede resultarte fascinante a los treinta porque ahora entiendes las motivaciones de los personajes, o porque reconoces referencias que pasaste por alto. Aunque también está el riesgo de que una obra que amabas pierda algo de su magia si la idealizabas demasiado en la memoria, así que a veces conviene tener cuidado con las expectativas.

Mi recomendación es que lo hagas si tienes ganas reales de volver a un libro, no porque sientas que deberías. Releer por obligación es lo opuesto a por qué leemos, ¿no? Pero si hay un clásico que te marcó, o que sabes que has cambiado mucho desde la última vez, pues adelante. Lo peor que puede pasar es que descubras que ya no te conecta igual, y eso también es información valiosa sobre quién eras y quién eres ahora.

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