Pregúntate primero de todo si tu hijo está realmente infeliz o si eres tú quien proyecta la incomodidad. Es fácil pensar "los otros tienen X, entonces debe sentirse mal", pero los niños son mucho más pragmáticos de lo que creemos. Si no se queja y sigue tranquilo con su estuche viejo, probablemente no lo ve como un problema. Forzarlo a cambiar solo para uniformarse podría transmitirle el mensaje opuesto: que lo que elige no es lo suficientemente bueno, y que tiene que seguir a la masa para que tú estés tranquilo.
El verdadero riesgo es destruir lo que ahora tiene, es decir, la independencia de elección. A los 8 años los niños comienzan a desarrollar gusto y preferencias propios, y mantenerlos delante de los compañeros es en realidad una buena señal de seguridad en sí mismo, no debilidad. Los maestros no dicen nada porque realmente no es una anomalía: uno de cada veinte tendrá de todas formas un estuche diferente, roto, vintage, lo que sea.
Más bien, habla con tu hijo sin intentar convencerlo. No "¿no te sientes raro?" sino más bien "¿qué tal te va con tu estuche, te sigue gustando?" Si responde que sí, listo. Si algún día por su cuenta decide que quiere algo diferente, perfecto. Lo importante es que sea su elección, no una corrección.