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En realidad, la maleza y el césped no son exactamente lo mismo, y no puedes simplemente reemplazar uno con otro. Si en tu césped aparecieron malas hierbas (normalmente es verdolaga, trébol o llantén), significa que hay o bien exceso de humedad, o bien mala nutrición del suelo, o bien el césped está pisoteado. Simplemente sembrar pasto nuevo sobre este desorden es inútil, no prendará.
Primero identifica la causa. Si el césped está húmedo y pegajoso, necesitas un sistema de drenaje o al menos aireación. Si el suelo está agotado, aplica fertilizantes. Si está lleno de basura y musgo, haz una escarificación: rastrilla bien el césped con un rastrillo especial. Después ya puedes resembrar las semillas. Para el césped van bien las mezclas de gramíneas con ballico inglés, festuca roja y timoteo de prado; depende del clima específico y de la cantidad de sol en tu parcela.
Después de la siembra necesitas mantener el césped húmedo durante un mes o dos (pero no empapado), cortar regularmente el pasto joven, y es mejor aún no pisar el área durante el primer mes. Y en la siguiente temporada sigue cuidando su estado: corta a 5-7 centímetros, fertiliza en primavera y otoño, repara las calvas. Un césped no es algo que siembras una vez y te olvidas; es un cuidado constante.
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