Antes de gastar plata en un descalcificador, calcula bien cuánto te cuesta reemplazar esos electrodomésticos que se dañan por la cal, porque a veces el descalcificador se justifica solo con eso. En tu caso, si ya estás cambiando cafeteras y hervidores cada poco tiempo, probablemente sí te compense. Los descalcificadores de intercambio iónico (los más comunes) no son baratos al principio, pero duran años y solo necesitás recargar la sal de vez en cuando - eso sí, verificá bien los precios de las cargas en tu zona porque varían un montón.
Las alternativas más económicas dependen de qué tanto te moleste la cal. Podés empezar con un filtro magnético o un sistema de osmosis inversa (aunque estos tienen otros cuidados), pero si el agua es muy dura, esas soluciones son más un parche. Otra opción es descalcificar solo el agua que usás en la cafetera y el hervidor con un filtro pequeño - menos inversión, pero también menos cobertura. Lo importante es que no confíes en esos descalcificadores ultrasónicos o magnéticos baratos que ves en internet; la mayoría no funcionan como prometen.
Si decides instalar uno de verdad, pedí cotizaciones en varias empresas y desglosa bien qué incluye: instalación, mantenimiento, costo anual de sal. Algunos lugares ofertan promociones si pedís servicio de mantenimiento incluido. Dicho esto, si vivís en una zona con agua muy dura y usás muchos electrodomésticos, casi siempre termina siendo rentable a mediano plazo - hablamos de 2 a 3 años recuperando la inversión solo en no tener que cambiar aparatos cada tanto.