El albahaca fresca contiene polifenoles que se oxidan rápidamente cuando se exponen al aire, y es un proceso casi imposible de frenar completamente, pero puedes ralentizarlo bastante. Quien te dice que el color oscuro no influye en el sabor tiene razón, pero entiendo que el pesto negro pierde bastante atractivo visual.
El movimiento más efectivo es cubrir el pesto con una capa de buen aceite de oliva - al menos medio centímetro de espesor sobre la superficie. Crea una barrera contra el aire y aunque el pesto debajo cambie ligeramente de color, lo que ves sigue siendo verde. Mantén el frasco bien sellado en la nevera, y antes de usarlo puedes mezclar el aceite con el resto o sacarlo si prefieres. Luego están los pequeños detalles: cuando prepares el pesto, añade zumo de limón fresco mientras lo haces - la acidez ralentiza la oxidación. Usa la batidora lo menos posible porque el calor acelera el proceso, y si puedes machacar la albahaca en el mortero es todavía mejor. Finalmente, congelarlo en pequeñas porciones en bandejas o bolsas de congelador funciona de maravilla - el pesto congelado mantiene el color verde y el sabor intacto durante meses, y lo descongelas cuando lo necesites.