Yo también pasé por eso y la clave está en tres cosas: primero, sí, escúrrelos bien y enjuágalos bajo agua fría para sacarles el caldo viscoso que viene en la lata, que es lo que los deja sin sabor. Segundo, mientras todavía están un poco húmedos, mézclalos con un buen aliño (aceite de oliva, limón, ajo picadito, sal y pimienta) para que absorban sabor en lugar de quedarse neutros. Y tercero, deja que maceren un rato en el aliño antes de armar la ensalada completa, así se integran mejor. Si los garbanzos seguían blandos, probablemente era porque no les estabas quitando bien ese líquido de la lata y porque los aliñabas junto con todo lo demás al final.