Cuando la gente empieza a tener familia, los tiempos de respuesta se ralentizan pero la amistad no desaparece si le das forma distinta. El problema es que muchas veces esperamos que ellos hagan el movimiento para recuperar la cercanía, cuando en realidad son vosotros quienes tenéis que ser más creativos con la frecuencia y el tipo de contacto. No se trata solo de quedar menos, sino de entender que un "te echo de menos" por mensaje de vez en cuando vale tanto como antes una tarde entera juntos.
Lo que la mayoría no menciona es el riesgo de amargarse en silencio. Si todo el tiempo piensas que te dejan fuera sin culpa, eso te come por dentro y al final la amistad se deteriora de verdad. Así que toca ser honesto: en lugar de esperar a que ellos propongan, sé tú quien genera los planes. Y aquí viene lo raro: a veces tienen más disponibilidad para algo rápido y sin presión (un vermut de una hora, una comida informal donde lleven a los niños) que para un plan ambicioso de los de antes. Acepta que a los 30 y pico la amistad funciona en pequeños momentos, no en jornadas enteras, y eso no significa que os queráis menos.
Mantén también un canal distinto: grupo de whatsapp donde compartáis cosas, videollamadas puntuales, incluso estar presentes en eventos importantes de sus vidas (cumpleaños de los críos, cosas así). Tú no tienes hijos pero sí tienes tiempo libre que ellos no, así que invierte en ser flexible. Y sí, va a doler ver que no pueden venir a algo que habías planeado, pero si realmente os tenéis cariño, la amistad aguanta esos cambios. Lo que no aguanta es la resentimiento acumulado.