El enfoque más seguro es usar un cepillo de cerdas suaves, como un cepillo de maquillaje pequeño o un cepillo de dientes viejo con las cerdas recortadas cortas. Solo barre suavemente la abertura del puerto desde diferentes ángulos. También puedes intentar con un palillo de dientes de madera sosteniéndolo en un ángulo poco profundo, apenas tocando la pelusa, solo para desplazarla en lugar de raspar. La clave es la paciencia: trabaja lentamente y deja que la gravedad ayude a sacar los residuos en lugar de empujarlos más adentro.
Si el cepillo no funciona, coge una linterna y mira adentro primero. A veces lo que parece un problema de carga es solo un bulto específico bloqueando el contacto. Una vez que ves dónde está el bloqueo, puedes apuntarlo más precisamente. Los bastoncillos de algodón también funcionan, aunque sueltan pelusa, así que si sigues ese camino, usa los que tienen palillos de madera y empácalos más apretado que lo normal para que las fibras no se separen dentro del puerto.
Una cosa que la gente pasa por alto: después de limpiar, prueba la carga con diferentes ángulos antes de dar por terminado. A veces la conexión funciona con una inclinación ligera aunque todavía haya residuos menores, así que podrías pensar que lo arreglaste cuando en realidad necesitas una pasada más. Además, si el teléfono ha estado en un bolsillo o bolsa acumulando pelusa, revisa también el cable de carga: a veces el puerto se ve bien pero el conector del lado del cable está sucio, y ese es un arreglo más fácil.