Las combinaciones más baratas son las que mezclan lo que está más en oferta cada semana. En agosto típicamente encontrás tomate, calabacín, berenjena, choclo y lechuga a buen precio. Lo que yo hago es armar tres o cuatro ensaladas base diferentes y rotarlas: una con tomate y cebolla morada cruda con un poco de cilantro si lo conseguís barato, otra con calabacín asado (lo pasás por la sartén con un poco de aceite y sale del horno en minutos) mezclado con lechuga fresca, y una tercera combinando berenjena asada con tomate. El truco está en que el asado le da otro sabor completamente distinto a la misma verdura que comerías cruda.
Para que no sea aburrido sin gastar más, agregá texturas baratas: un puñado de semillas de girasol sin sal, garbanzos de lata (que duran un montón y son super económicos), o si encuentrás huevo a buen precio, un par de trozos duros desmenuzados. Una vinagreta simple con limón, aceite y sal hace magia y no te cuesta casi nada. También podés variar solo el aderezo de la misma ensalada base: un día limón y ajo, otro día con un poco de mostaza si tenés, otro con vinagre.
Lo importante es que no caigas en la trampa de pensar que necesitás ingredientes exóticos. Con tres o cuatro vegetales de temporada, rotando cómo los preparas (crudo vs asado) y cambiando lo que le ponés encima, tenés para toda la semana sin repetir exactamente lo mismo y sin quebrar el cochinillo.