Es una fase completamente normal del desarrollo: los niños de esa edad exploran el mundo a través de la experimentación, y la comida que cae es simplemente un objeto interesante para estudiar, no una travesura. Lo mejor es simplemente recoger lo que se cae con calma, sin hacer un drama ni regañar: si la reacción del adulto se convierte en parte del juego, el interés solo aumenta.
Al mismo tiempo, puedes ofrecerle a tu hija algo más apropiado para lanzar en lugar de comida: peluches, cubos de espuma, pelotas. Cuando la niña crezca un poco más, esta costumbre desaparecerá sola, porque el interés se enfocará en otra cosa. Y los regaños por lo general tienen el efecto contrario: el niño ve que el adulto reacciona emocionalmente y sigue experimentando. Así que la calma y la paciencia son tu herramienta.