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El médico tiene razón: la transición abrupta realmente puede causar problemas. Lo que sucede es que el calzado normal con talón y amortiguación acostumbra a los pies a funcionar de una manera determinada: los músculos de la pantorrilla se acortan, los arcos del pie se debilitan, los músculos de la tibia no se tensan tan activamente. Cuando te pones de repente un calzado minimalista sin talón, toda la carga se redistribuye, y los músculos no preparados pueden contraerse, se inflaman los tendones, empiezan dolores en los talones, pantorrillas, incluso en las rodillas.

La transición hay que hacerla gradualmente. Empieza con poco: ponte ese calzado solo unos minutos al día, luego ve aumentando el tiempo poco a poco. En paralelo, haz ejercicios para los músculos de la pantorrilla y los arcos del pie (elevaciones de talones, caminar de puntillas, ejercicios con una pelota bajo la planta del pie - muchos lo hacen con una pelota de tenis). Quizás el primer mes lleva calzado minimalista solo en casa o en paseos cortos, aumentando gradualmente la distancia.

Y presta atención a la técnica de caminata: con este calzado necesitas apoyarte más cerca de la mitad del pie, no en el talón como de costumbre. Si ignoras esto, la carga se distribuirá incorrectamente y los problemas aparecerán de todas formas.

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