Lo más importante: compara tu facturación de calefacción con las cuotas mensuales que pagaste - si la suma final es notablemente superior, tienes derecho a una explicación detallada de tu arrendador. No puedes simplemente ignorar la facturación, pero tienes todo el derecho de cuestionarla si te parece irreal.
Los precios de energía en aumento son de hecho una razón legal para costos adicionales más altos, es completamente normal. Pero aquí está el punto crítico: tu arrendador debe poder demostrarte que el cálculo es correcto. Pídele que te muestre la facturación exacta - ¿cómo se distribuyeron los costos entre los diferentes apartamentos, qué costos de calefacción por metro cuadrado se aplican, son correctos los valores de consumo? Con una calefacción de gasoil también puede ocurrir que las tarifas de entrega de gasoil fluctúen, lo que hace que los costos suban. Es molesto, pero es legal.
Si tienes dudas sobre si todo es correcto, puedes contratar a un perito en facturaciones (probablemente cuesta 200-400 euros, pero el arrendador debe pagar si la facturación resulta ser errónea). O ponte en contacto con la asociación de inquilinos de Múnich - ellos revisan este tipo de facturaciones de forma gratuita y pueden decirte si algo no está bien. Una duplicación es fuerte, pero sin información más específica sobre los precios de años anteriores y tu consumo real, no se puede decir si es ilegal.