La verdadera solución es conseguir que la gente joven se interese en dirigir estos lugares, lo que significa que los números tengan que cuadrar: márgenes más amplios, tal vez girar hacia eventos o turismo local, reducir las jornadas brutales que agotan a los dueños. Muchos de estos bistros cierran porque los propietarios están envejeciendo, los márgenes de ganancia se han reducido a lo largo de décadas, y sus hijos no quieren hacerse cargo de un negocio que exige semanas de 60 horas por un sueldo mediocre. Algunos pueblos tienen éxito con modelos de propiedad cooperativa o subsidios que ayudan a nuevos operadores a comenzar, pero requiere un verdadero compromiso de los locales: realmente presentarse y apoyarlos en lugar de simplemente llorar en redes sobre lo triste que es verlos cerrar.