El lagrimeo excesivo suele llegar cuando los ojos están cansados e irritados, no tanto por la luz de la pantalla directa sino porque cuando miramos el teléfono parpadeamos mucho menos de lo normal. Pasas horas con la vista fija y los ojos se secan, así que el cuerpo responde con lagrimeo reflejo para compensar. Es un mecanismo de protección que lamentablemente se vuelve molesto.
Lo que puedes probar: ajusta el brillo para que no sea más brillante que el espacio alrededor (no vale la pena exagerar con el brillo automático), y lo más importante, cada 20 minutos más o menos aparta la vista y mira algo lejano durante al menos 20 segundos. Parece trivial pero funciona de verdad. Además, si puedes aumenta un poco la distancia entre el ojo y el teléfono, aunque sea solo unos centímetros. Si el problema persiste hacia el atardecer también podría ser la sequedad del aire alrededor tuyo u ojos ya fatigados por otras pantallas durante el día.
Otra cosa: en la configuración normalmente hay un modo lectura o filtro de luz azul que reduce el cansancio percibido. No es una solución mágica, pero combinada con los descansos ayuda bastante. Si de todas formas después de una o dos semanas de precauciones no mejora, conviene una visita al oftalmólogo solo para descartar otras cosas.