No confíes únicamente en las gafas, ese es el error más común. Los filtros de luz azul pueden ayudar teóricamente, pero el verdadero problema es que parpadeas menos cuando lees en pantalla y tus ojos se secan. Se suma la tensión porque el monitor está más cerca que la distancia normal de lectura y el ojo tiene que acomodarse constantemente. Una gafa especial cara no resuelve esto realmente.
Lo más importante son las pausas regulares: ya con 10 minutos cada dos horas notas una diferencia enorme. Usa ese tiempo para mirar a la distancia (idealmente a más de 20 metros), porque eso relaja la musculatura ocular. Además: parpadea conscientemente más a menudo, coloca el monitor un poco más lejos, ajusta el brillo de la pantalla al entorno y revisa la iluminación de la habitación; muchos trabajan con un monitor demasiado brillante en una sala oscura, eso carga las pupilas extra.
Si aun así quieres comprarte gafas, está bien, pero más como complemento. Algunas personas reportan que también les ayudan las lágrimas artificiales: consigue una botella de gotas oculares y úsalas varias veces al día. Es más barato y ayuda con el resecamiento a menudo mejor que cualquier filtro. Al final se trata de una combinación: más pausas, mejor posición de la pantalla y mirar hacia afuera regularmente.