Lo primero es no cambiar todo de una vez. Si empezás a meter fibra de golpe, puede ser contraproducente: hinchazón, gases y hasta más problemas digestivos. Tenés que aumentarla gradualmente durante una o dos semanas y tomar mucha agua, porque la fibra sin agua no funciona bien. Tampoco es cuestión de obsesionarse con los laxantes desde el inicio; generalmente con cambios en la alimentación se resuelve.
Las frutas y verduras son lo básico: manzanas con cáscara, peras, plátanos, berries, zanahorias crudas, brócoli, espinaca. Las legumbres como lentejas, frijoles y garbanzos tienen un montón de fibra y proteína. Los cereales integrales también son tus aliados: avena, pan integral, arroz integral. Una taza de avena en el desayuno o un puñado de almendras como snack van muy bien. El kiwi es particularmente efectivo para muchos; la semilla de lino también funciona si la mueles y la añadís a yogur o licuados.
La clave es la consistencia. Comé estas cosas a diario, no esporádicamente, porque el cuerpo necesita regularidad para adaptarse. Tomaté bastante agua durante el día y si en dos o tres semanas no ves mejora, ahí sí consultá con alguien. A veces hay otras causas detrás del estreñimiento que no es solo falta de fibra.