La respuesta anterior tiene razón en lo principal: el té no es una varita mágica y no va a reemplazar la alimentación adecuada y la actividad física. Pero hay un detalle: algunos tés realmente pueden ayudar un poco al hígado a eliminar toxinas y mejorar la función biliar. El té verde, el cardo mariano, la alcachofa: contienen sustancias que apoyan al hígado. Lo importante es que no curan, solo son un complemento al tratamiento principal.
Un consejo práctico de verdad: si ya tienes problemas de hígado, primero consulta con un médico, porque algunos tés de hierbas pueden estar contraindicados según tu diagnóstico específico. Después, combina el té con un déficit calórico, reducción de carbohidratos refinados y al menos actividad básica (caminar, nadar). Toma el té sin aditivos ni azúcar, tal vez dos o tres veces al día.
Lo más importante sigue siendo lo aburrido de siempre: el exceso de grasa en el hígado se elimina a través del déficit calórico y el ejercicio regular. El té es un bonus, no la base.