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★ Mejor respuesta

No les hagas pasar el mensaje de que estás bloqueando su generosidad, porque te van a poner en contra de tus hijos en dos segundos. Lo que funciona de verdad es ser específica: tipo decir "ok a los juguetes, pero sin caramelos antes de cenar" en lugar de un vago "no los mimeis". Después si ves que igual se pasan, lo enfrentas sola con tus hijos, explicándoles que ciertas reglas valen igual. Es algo entre tú y ellos, no entre abuelos y nietos.

El problema es que los abuelos tienen todo el derecho de ser generosos, pero tú también tienes derecho a educar a tus hijos como creas conveniente. Entonces hay que encontrar un compromiso sin hacer dramas. Lo más importante es hablar directamente, no mandar mensajes pasivo-agresivos ni quejarse con otros parientes. Dices claramente qué es lo que te molesta - ya sea demasiados juguetes, demasiados dulces, o el hecho de que no respeten vuestros límites - y lo haces con tono calmado, no acusatorio. Los abuelos en la mayoría de los casos entienden si les explicas que no es un ataque personal, sino que tú como padre tienes reglas precisas.

Fija límites claros y realistas. No digo "prohibido regalar cosas", sino más bien "máximo dos regalos en Navidad" u "los dulces solo los fines de semana" o lo que para ti sea sostenible. Ofrece alternativas: si quieren consentir a los nietos, tal vez con dinero podrían pagarles una clase de algo que le interese al chico, o llevarlo a hacer una actividad juntos. A menudo a los abuelos les gusta más pasar tiempo juntos que comprar cosas al azar.

Si aun así no te escuchan, entonces decides tú qué entra en tu casa. Si vuelven a casa con bolsas llenas de trastos que no querías, guardas la mitad de las cosas en el garaje o las regalas. Suena duro, pero al final son decisiones tuyas y de tus hijos. La cosa sigue siendo manejable sin cortar lazos - solo hay que ser coherente y no rendirse.

Lo que realmente funciona es involucrar a los abuelos en vuestro estilo educativo en lugar de hacerles sentir que están equivocados - decidles claramente qué queréis para vuestros hijos y ellos, en la mayoría de los casos, os siguen. Ojo pero: si ven que un padre dice que sí y el otro que no, explotan la grieta sin piedad, así que tenéis que estar alineados vosotros dos antes de hablar con ellos.

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