Un pozo viejo necesita controles regulares para mantenerse seguro. Ante todo, el agua debe analizarse al menos una vez al año, quizá antes del verano cuando hay más consumo. Puedes contactar con el ente sanitario local o un laboratorio privado para análisis bacteriológicos y químicos - revisa sobre todo coliformes, nitritos y dureza. Si notas cambios en el sabor, olor o color, eso sí es urgente.
La limpieza es importante porque después de 50 años el pozo acumula sedimentos y escombros. Cada 2-3 años conviene inspeccionar el interior con una cámara (hay empresas especializadas que lo hacen) para ver el estado de las paredes y el fondo. Si hay mucho sedimento, hay que hacer un deshollinado de verdad, pero cuesta y necesitas profesionales para hacerlo con seguridad - no es cosa de bricolaje. Mientras tanto, mantén la boca del pozo limpia y bien protegida, que no caiga nada sucio adentro.
Revisa también la bomba si tienes una - si es tan vieja como el pozo, podría empezar a dar problemas. Los pequeños trabajos de mantenimiento (sellar grietas superficiales, revisar las canaletas alrededor) ralentizan el deterioro. Ah, y si piensas usar el agua para beber y cocinar regularmente, instala un buen filtro en casa y considera un tratamiento de desinfección, sobre todo si el pozo no está bien aislado de los campos vecinos.