Los tomates enlatados tienen más licopeno que los frescos porque se procesan en su punto de madurez máximo, así que ya estás ganando a nivel nutricional. Lo que la gente se pierde es que los San Marzano pueden ser aguanosos - ese es el verdadero problema. Antes de licuar, cuela los tomates enlatados en un colador durante 10-15 minutos y reserva el líquido. Así tienes control sobre la consistencia final en lugar de terminar con una sopa que parece más jugo de tomate.
En cuanto a la textura, licuarla completamente suave es lo ideal si quieres esa sensación sedosa de restaurante, pero honestamente el mejor enfoque es licuarlo todo primero y luego decidir. Siempre puedes volver a añadir un poco del líquido que drenaste si queda muy espeso, o dejarlo hervir a fuego lento si queda muy líquido. Respecto al ajo y la albahaca - no hay un verdadero "demasiado" mientras vayas probando sobre la marcha. Yo empezaría con 3-4 dientes picados para una olla y añadiría albahaca fresca al final (se vuelve amarga si hierve demasiado tiempo). Si usas albahaca seca, quizá una cucharadita, pero la fresca vale la pena.
Lo otro que transforma la sopa de tomate enlatado es una buena grasa y un poco de acidez. Un chorrito de crema de leche o un hilo de buen aceite de oliva redondea todo, y un poco de vinagre balsámico o jugo de limón al final la hace brillar para que no sepa plana. Ahí es donde se nota la diferencia entre tu versión casera y la del supermercado.