Desafortunadamente, esto es exactamente lo que se llama comportamiento normal de una batería de iones de litio con frío. No es un defecto ni un mal uso, es física. El frío ralentiza las reacciones químicas dentro de la batería, se vuelve menos eficiente, además la energía se gasta en calentarla a sí misma. En los Urales con esas temperaturas, perder un tercio de la autonomía es una realidad con la que tienes que contar al planificar viajes.
La solución más práctica, si tienes opción, es aparcar el coche en un lugar climatizado: garaje, aparcamiento subterráneo, incluso bajo un cobertizo donde la batería no se congele por la noche. Antes de viajar activa el precalentamiento desde la app mientras el coche aún está protegido: la batería volverá a la normalidad y las pérdidas serán notablemente menores. Si lo dejas en la calle, al menos intenta cubrirlo con una manta o funda especial para que la batería no pierda calor tan rápido.
Segundo punto: estilo de conducción. Con frío, evita aceleraciones y mantén una velocidad estable, eso ahorra energía. Y al planificar rutas, deja margen: no cuentes con los 270 km completos, lleva un colchón de 50-100 km. Viviendo en los Urales con este clima, simplemente tienes que replantearte cómo usar el coche eléctrico en invierno: no es un vehículo para viajes largos en heladas sin preparación.