Efectivamente, las recomendaciones han cambiado y ahora el enfoque es más flexible. Dos limpiezas al día, por la mañana y por la noche, es el estándar óptimo y para la mayoría de la gente es más que suficiente. Lo importante no es la cantidad, sino la calidad: hay que cepillarse los dientes mínimo dos minutos, con cuidado, sin presionar demasiado fuerte. Después de comer, especialmente después de algo dulce o ácido, es mejor simplemente enjuagarse la boca con agua, esto ayuda a eliminar los restos de comida y neutralizar la acidez sin dañar el esmalte.
En cuanto al daño del esmalte, puede haberlo, pero más bien por una técnica de cepillado incorrecta que por la frecuencia en sí. Si frotas los dientes agresivamente con un cepillo duro o usas pasta abrasiva demasiado a menudo, eso realmente desgasta el esmalte. Recomiendo un cepillo suave o de dureza media y movimientos de arriba hacia abajo (de la encía al borde del diente), no movimientos horizontales raspadores.
Otro punto: después de comida o bebidas ácidas (cítricos, vinagre, refrescos) no te apures en cepillarte los dientes enseguida. Espera 20-30 minutos para que el esmalte se recupere, si no puedes rayarlo. En mis 24 años enseñando he visto cómo los niños se cepillan mal los dientes y después eso trae consecuencias, así que la técnica realmente importa.