Lo más importante es dejar que las flores reposen en agua fría durante la noche anterior, o al menos unas 6-8 horas. Así sacas todo el color y el sabor sin perder la intensidad del rojo. Después cuelas, añades el azúcar al gusto y listo. La proporción típica es una taza de flores secas por litro de agua, aunque si las flores son de buena calidad y oscuras, con media taza ya sacas un color bastante vivo.
Para el dulzor, empieza con poco azúcar - quizá 50-60 gramos por litro - y ve probando. Es mucho más fácil añadir que restar. Algunos le meten también un toque de limón exprimido al final, que realza el color rojo y equilibra lo dulce sin necesidad de usar más azúcar. Sirve muy frío, con hielo.
Si al día siguiente el agua pierde color, es porque el reposo nocturno no fue suficiente o las flores que usaste no eran lo bastante intensas. Intenta conseguir flores más oscuras la próxima vez, casi casi negras cuando las ves al trasluz. Y guarda el recipiente en la nevera; así dura varios días sin problema.